

Eran las cinco de la mañana y cogió la curva de la Pza del Mar a tal velocidad que se encastó hasta dentro de la cafeteria-restaurante del paseo del Postiguet. Los destrozos cuantiosos pero, la suerte la tuvo el vigilante de turno porque, acostumbraba a sentarse en ese lugar y esa noche lo hizo frente y de cara a la mar. Lo salvó la luna.-
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